La mala aventura de las mujeres de Buenaventura

18 dic 2012DANELLY ESTUPIÑÁN-PCN. Como mujeres bonaverenses contemporáneas hacemos manifiesto nuestro sentir, dado que la sevicia, la injusticia, las agresiones y los distintos tipos de violencia de la cual estamos siendo objeto, nos niega el derecho a ser mujer y hacer matronas.

Las mujeres de Buenaventura son culturalmente alegres, luchadoras, enérgicas, solidarias, cálidas, cariñosas, exóticas; todas estas bondades sumadas a la experiencia y la sabiduría dan a luz matronas, las cuales conscientes de la función cultural que cumplen en sus comunidades como orientadoras, guías, consejeras y conciliadoras, administran el poder cultural que se les delega, para construir y reconstruir lazos socios afectivos y tejer relaciones familiares más allá de la consanguinidad; una estrategia que es pilar de valores culturales como el respeto, la ayuda mutua y la confianza, fundamentales para vivir la vida en comunidad y tramitar de forma pacífica los conflictos.Una matrona es una mamá grande, es la cabeza de la manada,  es la   amiga, la hermana, la tía,  la prima, la abuela, la comadre, la lideresa quien  por su sabiduría  y valores es  conocida y reconocida.

Las fuerzas armadas de Buenaventura y la Alcaldía Distrital manifiestan de manera enfática que los homicidios y femicidios que de forma sistemática se registran en la ciudad son “hechos aislados, que la violencia perpetuada contra las mujeres en Buenaventura está ligada a situaciones domésticas o sea a la violencia intrafamiliar y por ende, los crímenes son pasionales. Con estos planteamientos pretenden decir que los femicidios no están correlacionados con el conflicto armado y que por lo tanto no se dan por razones políticas”.

El patrón para asesinar a las mujeres en los últimos tres años en Buenaventura consiste en la perpetuación  de prácticas de tortura y sevicia; descuartizar vivas a las mujeres, arrancar una a una las extremidades de su cuerpo, degollarlas, arrancar sus senos y glúteos y luego exhibirlas o dejarlas en una bolsa para basura, violarlas y dejarles en las vaginas pedazos de palos. Toca llenarse de fortaleza para narrar la atrocidad y el modo como se ensañan contra las mujeres, toca como dicen nuestras viejas hacer de tripas corazón para sonreír, arreglarnos, salir a las calles y hasta para enamorarnos ya que podemos estar durmiendo con el enemigo; toca llenarnos de amor y mucha inteligencia para confrontar los chistes sexistas en los vehículos de servicio públicos, en las esquinas y hasta en los actos lúdicos culturales donde recrean de forma tan natural el patrón de violencia extrema ya establecido contra las mujeres; no me digas nada porque te pico, no se ponga de buena chistosa que la van a picar, mujeres pórtense bien que están picando mujeres. Chistecitos como estos se escuchan a diario/. 

Como homenaje sentido a todas las hermanas que han sido victimas de los violentos y en especial a la niña Leydi Yasuri Sinisterra de 13 años de edad, quien fue asesinada en medio de una balacera el pasado 14 de Noviembre en inmediaciones al barrio Santa Cruz e Inmaculada, comuna número cinco de esta ciudad, queremos afirmar  por qué los femicidios en Buenaventura si son políticos, y están íntimamente ligados al  conflicto armado interno que se vive en esta ciudad, ubicada en el territorio-región del Pacifico sur colombiano:

  • Por el rol social y comunitario que las mujeres han desempeñado y  desempeñan las mujeres en sus barrios, calles y veredas, como matronas.
  • Porque después de más de una década de asesinatos sistemáticos de hombres en edades productivas en Buenaventura, donde el conflicto armado mal contado nos ha arrebatado más de 2.500 hombres (padres hermanos, esposos, novios, hijos, sobrinos), son las mujeres quienes asumen distintos roles: madre sola, madre cabeza de hogar, estudiante, trabajadora, activista. Las mujeres, hoy, son la base social de Buenaventura.
  • Porque los femicidios son ejemplarizantes; por lo tanto, hacen parte del método utilizado por los actores armados para sembrar el pánico colectivo y establecer el control social que necesitan.
  • Porque la violencia contra las mujeres es un problema de salud pública, por cuanto en el contexto de ausencia de gobernabilidad que reina en Buenaventura, las mujeres víctimas de las violencias que logran sobrevivir como por ejemplo, la mujer de 45 años de edad, a quien el 15 de Noviembre de este año un hombre le propinó once disparos por negarse acompañarlo a un balneario; o el sinnúmero de mujeres que han sido abusadas sexualmente o maltratadas física o verbalmente, no reciben ningún tipo de atención psicológica, ni sicosocial, ni mucho menos clínica; y si no la reciben ellas que son las víctimas directas, pues tampoco la reciben sus familiares (madres, hijas, hermanas, sobrinas) que la acompañan en el proceso de recuperación física y emocional. Esta situación prolonga los duelos y arruina la autoestima de las mujeres.
  • Porque ya se ha naturalizado la violencia contra la mujer y por ello, se escuchan  comentarios sexistas en los vehículos de servicio público, calles y esquinas. No se explica cómo un acto tan atroz, tan inhumano como la  tortura puede ser convertido en un chiste cotidiano! Quizá porque estamos sumiéndonos en la demencia colectiva, y otro ejemplo de esta afectación psicológica colectiva se evidencia a la hora del noticiero, más conocido como “noti-muerto”, al terminar el noticiero se escuchan comentarios como: “el noticiero estuvo malo, tan solo hubo un solo muerto, el de ayer si estuvo bueno, fueron 7”.
  • Porque más de la mitad de los femicidios son perpetuados por hombres vinculados a grupos armados.

Desde la campaña “Ni Una Más”, seguimos preguntándole al Estado y a los grupos armados:

¿Por qué nos matan?, ¿Para qué nos matan?

¿Por qué nos violan?, ¿Para qué nos violan?

¿Por qué nos torturan? ¿Para qué nos torturan?

¿Por qué nos desplazan?  ¿Para qué nos desplazan?

Las respuestas para nosotras son claras, sabemos que nos matan, violan, torturan,  desplazan y desaparecen porque el racismo estructural y la discriminación racial es la ideología que el poder patriarcal y neoliberal ha empleado históricamente para diezmarnos y coartar  nuestro proyecto de vida como comunidades afrocolombianas y nuestra cosmovisión como grupo étnico. El etnocidio perpetuado hace parte del plan  de exterminio. Después de más de 500 años de resistencia, nuestras huellas de africanía continúan en confrontación con la ideología racista que ve a las comunidades afro e indígenas como salvajes, brutos, iletrados, feos y atrasados; porque fueron otros quienes quisieron darnos forma y crearon un estereotipo  satírico, seudohumano y animalístico para justificar el racismo estructural del cual somos objeto. Nos matan porque estamos en contra del desarrollo hegemónico, nos matan porque quieren convertir a Buenaventura en una ciudad-puerto y expulsarnos hasta sacarnos de nuestros barrios para poder convertirlos en ciudadelas turísticas, en malecones, en condominios hoteleros.

La violencia en Buenaventura, es una lucha a sangre y fuego por arrebatarnos el territorio que hace más de 400 años poblamos, construimos y hemos hecho acogedor y como siempre estamos en desventaja, pues el capitalista tiene el fuego (grupos armados, neo-paramilitares o bandas criminales)  y nosotros tenemos la sangre.

Estamos hace 10 años sumidos en una guerra, que aun pocos comprenden; estamos hace 10 años en emergencia humanitaria; aquí el que no matan las balas lo mata el hambre y la angustia, tal como  lo dice la tía Emérita Angulo de 78 años de edad, desplazada del Rio Naya;

nos vinimos con mi viejo paca, pa´ Buenaventura, después que nos mataron al hijo, huyendo y dejamos todito; la finca, la casita, las gallinas, la familia, los amigos y vinimos aquí y mi viejo se enfermó, no camina y esta flaquito, porque le digo que en ocasiones comemos porque los vecinos nos dan alguito; la ayuda del gobierno  en 3 años nos ha llegado dos veces: una la cobramos, y la otra, cuando fuimos al banco nos dijeron que ya la habíamos cobrado y caminé y lloré y por Dios que no me la pagaron porque ya alguien disque la había cobrado. Yo al menos puedo moverme y así chunquita camino y me rebusco cualquier monedita, pero mi pobre viejo, no puede caminar y yo tengo que dejarlo solito para buscar comida y en ocasiones hay días que no encuentro nadita, pasamos el día en blanco. Yo pregunto; que es lo que nosotros hemos hecho pues, que nos tratan como trapo viejo”. Estas dolorosas palabras son apenas un caso tipo que muestra  solamente una parte de la tragedia humanitaria que vivimos en Buenaventura.       

 

Desde el 06 de Octubre se recrudeció la violencia en Buenaventura. La lucha por el control de los barrios donde coincidencialmente se desarrollan o se planean los megaproyectos de expansión portuaria, han generado mas de 500.000 desplazados internos, los cuales han salido para proteger su integridad física. La capacidad institucional de Buenaventura para atender estos desplazamientos internos ha colapsado, pues pese a que la situación se vive hace más de 10 años, en Buenaventura aún no se ha construido el primer albergue temporal para personas en situación de desplazamiento. Algunas familias que han corrido con suerte las han albergado en hoteles de la ciudad, pero en una situación humanitaria muy deficiente pues están en terrazas donde les cae agua y sol, y solo han albergado a   las mujeres y niños y a los hombres no. Esta es una situación muy preocupante porque el modelo de atención improvisada de la alcaldía y de la unidad de victimas, rompe la dinámica familiar y obliga a la madre afectada sicológicamente por los hechos victimizantes que provocó el desplazamiento forzado, a liderar sola el cuidado de los niños, generando más estrés en las mujeres. Y a esto se suman las enfermedades que se pueden provocar por la humedad y el estado de hacinamiento en el que se encuentran las mujeres y niños.    

 … y esto y más pasa aquí, en el principal puerto de Colombia, como dice Ruben Blades: la corrupción y el desgobierno hacen de mi bello puerto del mar un verdadero infierno.

 Por nuestro derecho a ser mujeres y matronas

NI UNA MUJER MÁS ASESINADA, VIOLADA, MALTRATADA, TORURADA, DESAPARECIDA, DESPLAZADA.

 Mujeres en pie de lucha, y cantando al sol como la cigarra.